Caravana Migrante: las reacciones a su llegada a Tijuana

Por Armando Maya Castro

Una de las naciones centroamericanas con mayor flujo migratorio es Honduras, un país cuya economía se ha visto transformada fuertemente en las últimas décadas, y donde la violencia se ha ensañado impunemente con sus habitantes, hombres y mujeres de todas las edades, que tienen que abandonar sus hogares para ir en busca de sueños y mejores condiciones de vida, mientras dejan atrás una historia de desempleo, pobreza, limitaciones y temores. En la siguiente pieza sonora se da cuenta de la situación que viven en su país decenas de miles de hondureños, y cómo miles de ellos decidieron dirigirse hacia Estados Unidos cruzando territorio mexicano, sin saber que su desplazamiento vendría acompañado de sufrimientos ocasionados por el hambre, la violencia, la discriminación y la extorsión.

Reseña del recorrido de la caravana migrante desde su salida de San Pedro Sula, Honduras, hasta su llegada a la ciudad de Tijuana, BC.

Según un estudio de World Vision, la falta de oportunidades, la pobreza, la violencia y la poca credibilidad en el sistema de justicia, son algunos de los factores que empujan a los menores a infringir la ley en Honduras.

Ante esta situación, miles de hondureños huyen de la violencia perpetrada por las pandillas, así como de la pobreza ocasionada por la falta de empleo bien remunerado, como señalan catedráticos de ese país que hacen una reseña de la violencia pendilleril en ese país centroamericano

Buscan fuera de su país mejores condiciones de vida y oportunidades de bienestar para sus hijos, a pesar de saber lo difícil que es emigrar, dejar parientes y amigos, y arriesgar su vida en un país extraño.

Entre tensión y disturbios, la caravana de migrantes que salió de San Pedro Sula el 13 de octubre de 2018 ingresó a territorio mexicano saltando la valla en la frontera entre México y Guatemala.

Las imágenes le dieron la vuelta al mundo, que fue testigo de la forma en que miles de centroamericanos intentaron superar el cerco de los elementos antimotines de la policía federal, que utilizó gases lacrimógenos en el afán de contener la irrupción de la caravana a México.

Puño en alto, los migrantes gritaban:

“No somos criminales, déjennos entrar, queremos trabajar”.

Como resultado del enfrentamiento en cuestión, por lo menos tres policías resultaron lesionados y varios hondureños golpeados. Aun así, advertían: «seguiremos, pase lo que pase».

El viernes 19 de octubre, al grito de “sí se pudo”, miles de migrantes sin papeles cruzaron el río Suchiate, superando el cerco de las autoridades federales de México.

Luego de varias semanas de recorrido por territorio mexicano, y de declaraciones a favor y en contra de del paso de los hondureños por México, la caravana migrante llega a Tijuana, donde anuncia que solicitarán asilo al gobierno estadounidense, ya que «en México no nos quieren, nos lanzaron piedras», denunciaron algunos migrantes.

El entonces canciller mexicano, Luis Videgaray, declara en la Ciudad de México: “Tijuana no tiene la capacidad suficiente para un grupo de este tamaño. Existen varios albergues, pero no tiene esta capacidad debido a que es una situación inédita, un fenómeno que no se había observado».

A pesar de no contar con suficientes albergues, el municipio de Tijuana asigna a los hondureños un albergue instalado en la unidad deportiva Benito Juárez de esa ciudad, en el que, de acuerdo con estimaciones de las autoridades municipales, había 6.062 personas:

  • 516 niñas
  • 542 niños
  • 1.127 mujeres
  • 3.877 hombres.

Permanecieron en ese lugar hasta que decidieron cruzar a Estados Unidos, donde fueron recibidos con gases lacrimógenos y balas, frustrando su intento de ingresar al país norteamericano como ingresaron a México.

Debido a la difícil situación que prevalecía en Tijuana, el alcalde Juan Manuel Gastélum declara crisis humanitaria y pide apoyo a la ONU, al tiempo de hacer un enérgico reclamo al gobierno federal por haber dejado sola a la ciudad en el tema de los migrantes que vivían hacinados en la unidad deportiva Benito Juárez.

Amnistía Internacional interviene y denuncia las condiciones insalubres en que se encuentran los migrantes, con escasez de alimentos y agua, y sin servicios de salud, lo que propicia que se propaguen enfermedades respiratorias. El organismo solicita, asimismo, “apoyo humanitario para todas las personas que solicitan asilo y están en movimiento”.

Se producen luego las declaraciones del alcalde de Tijuana acerca de los hondureños, afirmando que “algunos de ellos son una bola de vagos, fuman marihuana en la calle, agreden a las familias de Playas de Tijuana. Estas personas llegan en un plan agresivo y grosero”, afirma el funcionario.

La Comisión Estatal de los Derechos Humanos de Baja California (CEDHBC) emite la recomendación 17/2018, en la que solicita una disculpa pública al alcalde por los comentarios que considera xenofóbicos en contra de las personas en contexto de migración.

En esos días, el ayuntamiento de Tijuana abre oficialmente el albergue “El Barretal”, habilitado en la colonia Matamoros de esta ciudad.

A ese lugar, en el que se instalaron servicios de cocina, sanitarios y regaderas, comenzó el traslado de hondureños, quienes esperarían ahí su turno para buscar asilo en los Estados Unidos.

Días después, la Secretaría de Gobernación tomó el control del albergue y se encargó de los servicios que se prestan en el lugar: comida, salud, control de accesos y seguridad.

El pasado 29 de enero, el Instituto Nacional de Migración cerró el mencionado albergue, pues la función temporal del mismo vencía a finales del mes pasado, tal como informó semanas antes Leonardo Neri, coordinador del refugio.

¿Pero qué pasó con los migrantes que se encontraban en El Barretal?

¿A dónde fueron y en qué condiciones se encuentran actualmente?

¿Cómo y dónde viven tras el cierre del albergue?

Si los demás albergues están saturados, como afirman las autoridades, ¿a qué lugar se dirigió el grupo que era parte de la primera caravana migrante?

¿Qué será de los migrantes centroamericanos que Estados Unidos está regresando a Tijuana, para que en esa ciudad esperen el procesamiento de sus solicitudes de asilo?

Las respuestas a las anteriores preguntas son importantes, pues México necesita conocer la suerte de éstos migrantes, así como de los que están por llegar a Tijuana.

Se trata de una cuestión no sólo informativa, sino también humanitaria, de respeto a los derechos humanos, un tema en el que debe involucrarse la sociedad en su conjunto, y, desde luego, las autoridades de todos los niveles de gobierno.

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