Educación laica, creada para la diversidad (Imagen tomada de ConceptoDefinición).
Es la educación que imparte el Estado, y que por mandato del artículo tercero constitucional debe impartirse a los niños que concurren a las escuelas públicas.
Se caracteriza porque está exenta de elementos de naturaleza religiosa, respetando la diversidad de creencias de los alumnos que asisten a los establecimientos de educación oficial.
Por mandato de constitucional, es deber del Estado impulsar una educación basada “en los resultados del progreso científico, que luchará contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios”, por lo que no podrá deberse a “convicciones éticas, morales o religiosas”.
Desde su creación bajo decreto, en 1857, la educación laica ha tenido grandes y poderosos enemigos que se han encargado de responsabilizar al carácter laico de la educación de la descomposición social, provocada por la falta de valores y de los males que aquejan a la sociedad, tales como violencia, corrupción, falta de respeto a los derechos humanos, etcétera.
El trabajo nuestro, estimado lector, consiste en defender con argumentos jurídicos la educación laica, a fin de impedir que siga el avance de los grupos conservadores interesados en sepultar la educación que es propia de un Estado laico como el nuestro.
Podemos defender la instrucción no religiosa que se imparte en las escuelas públicas levantando la voz en medios de comunicación y redes sociales, evidenciando los intereses de los políticos y grupos que a través de diversas iniciativas de ley pretenden el retorno de la educación confesional.
Para preservar el carácter laico del Estado y de la educación es necesario que los mexicanos seamos capaces de recordar en todo tiempo las palabras sabias de Benito Juárez sobre la laicidad: “Los gobiernos civiles no deben tener religión porque, siendo su deber proteger la libertad que los gobernados tienen de practicar la religión que gusten adoptar, no llenarían fielmente ese deber si fueran sectarios de la alguna”.
Llegaron
a México de manera arbitraria, a filo de espada, avasallando con violencia
inédita todo lo que encontraban a su paso; se apropiaron de riquezas que tenían
dueño, y que a ellos no les pertenecían.
Embestida de Hernán Cortés contra los aztecas durante la invasión que los libros de historia registran como la Conquista de México (Imagen: Municipalidad de Santa Rosa).
Diversos historiadores nos han dicho qué tipo de métodos utilizaron los españoles al llevar a cabo el sometimiento de las tribus establecidas en el Anáhuac, nombre que significa “junto al agua”, y que la civilización mexica dio a la meseta donde florecieron los aztecas, refiere Pablo Deiros en su libro Historia del cristianismo en América Latina.
Esta
meseta fue ocupada antes por “otomíes, zapotecas y mixtecas, tribus
sedentarias, que cultivaron la tierra y levantaron ciudades”, nos dice el autor
antes mencionado, quien añade que, posteriormente, “llegaron los toltecas, que
se establecieron en el valle de Teotihuacán, Tollán o Tula y Cholula. Más
tarde, llegaron los mayas, quienes recibieron la influencia cultural tolteca
durante su estada (sic) en el territorio…”.
El 8
de noviembre de 1519, hace 500 años, Hernán Cortés llegó a la capital del
imperio Azteca y, al ver la grandeza de la ciudad fundada en 1325, “enmudeció
de asombro ante la magnificencia de Tenochtitlán, que compendiaba el esplendor
de todas las ciudades y capitales que conocía”, se asienta en la obra El Centro Histórico: cuatro recorridos para
forasteros.
A
pesar de su admiración, Cortés y los expedicionarios a su mando terminaron
destruyendo la ciudad de Tenochtitlan, un acontecimiento que un escritor
hispano de aquellos tiempos relató en los siguientes términos:
“Hernán
Cortés, viendo a los aztecas decididos a defender la ciudad hasta morir,
decidió destruir Tenochtitlan. Derribó torres y quemó ídolos; quemó las casas y
mató gran cantidad de hombres. Jamás los aztecas pensaron que podía existir
fuerza humana que destruyera su imperio. Ni menos que un pequeño grupo de
españoles bastara para entrar y quemar Tenochtitlan».
Caía
así el gigantesco imperio azteca, y sobre los cimientos de la ciudad que fue
destruida por intereses económicos y religiosos, se fundó la Nueva España,
nombre que Cortés y los conquistadores le dieron a la actual ciudad de México,
y capital de la República Mexicana.
Explicaré
por qué razón considero que en la destrucción de aquella gran ciudad
intervinieron razones económicas y religiosas. La sanguinaria conquista buscaba
imponer el catolicismo a como diera lugar, con el propósito de cumplir el deseo
del papa de aquellos tiempos. Las riquezas serían para la corona española, las
almas para el papa.
Justifica los inhumanos métodos empleados en la conquista el escritor cristero Miguel Palomar y Vizcarra, quien afirma, sin fundamento histórico alguno, que cuando se descubrió el Nuevo Mundo, las tribus que lo habitaban carecían de una verdadera civilización y que vivían en la barbarie. El asombro de Cortés al ver la ciudad de Tenochtitlan, así como la crónica del clérigo e historiador Bernal Díaz del Castillo, contradicen las afirmaciones del abogado que fundó el Partido Católico Nacional de México, en mayo de 1911.
Aquí el relato que Díaz del Castillo nos regala en su libro Historia de la Conquista de Nueva España, el cual desmiente la afirmación en el sentido de que el pueblo azteca era incivilizado:
“Y
de que vimos cosas tan admirables no sabíamos qué decir, o si era verdad lo que
por delante parecía, que por parte en tierra había grandes ciudades, y en la
laguna otras muchas, y veíamoslo todo lleno de canoas, y en la calzada muchos
puentes de trecho a trecho, y por delante estaba la gran ciudad de
México”.
La
crónica de Díaz del Castillo describe el progreso de los nativos, el cual
asombró completamente a los invasores hispanos.
Sin
embargo, nadie puede negar que aquellas tribus practicaban ceremonias
religiosas en las que se realizaban sacrificios humanos. Pero si aquellas
indebidas prácticas religiosas condenaban a los nativos a un trato despiadado e
inhumano como el que recibieron de los conquistadores hispanos, ¿se ha
preguntado usted qué trato merecían los “civilizados” autores de las cruzadas y
de la inquisición, cuyos sacrificios humanos superaban por mucho a los de los
aztecas?
Pero
¿sabe usted por qué aquellos advenedizos llegaron sintiéndose dueños de México,
de su gente y de su enorme riqueza? La respuesta es simple: se sentían así
porque el Papa, a través de un decreto pontificio, les había dado ese
“derecho”.
Me refiero a las Donaciones Apostólicas del 3 y 4 de mayo de 1493, en las que el papa Rodrigo Borgia confirió a España los campos de América como desempeño de una empresa “cristiana”, orientada a la “evangelización” del continente recién descubierto.
La
pregunta que siempre me he hecho es esta: ¿Qué facultad tenía el supuesto
Vicario de Cristo para conferir estas tierras a los príncipes hispanos? Ninguna.
Sin embargo, el Papa no sólo resolvió de quién serían las tierras descubiertas,
sino también la religión que se impondría a los conquistados con métodos que de
cristianos no tenían absolutamente nada. ¿Usted qué opina?
Honores a la bandera, deber patrio, no religioso (Imagen: Notus Noticias)
Por Armando Maya Castro
Los testigos de Jehová, organización creada por Carlos Taze Russell con el nombre Estudiantes de la Biblia, tienen la creencia de que honrar y saludar a la bandera, mientras se entona el himno nacional, es un acto que atribuye la salvación a la patria y a sus héroes, en vez de atribuirla a Dios, que es al único que le pertenece.
Intentan darle sustento a esta creencia con los textos que se encuentran en Isaías 43:11, en el que Dios dice: “Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve”. Que yo sepa, ningún gobernante en el mundo se presenta a sus gobernados como salvador de sus almas, ni a la bandera nacional se le otorga ninguna representación religiosa, sino eminentemente patria. Se le honra en cumplimiento a un deber cívico o patrio, no espiritual ni religioso.
Prohíben los honores a la bandera, pero en algunos salones del reino es colocada para evitar el pago de multas. Eso dicen ellos, pero el video demuestra que no es así en todos los casos.
De manera inexacta, y sin fundamento alguno, comparan los honores a la bandera con lo que hizo Nabucodonosor, quien instituyó una estatua que debía ser adorada al son de cualquier instrumento músico, semejante a lo que actualmente se hace con la bandera cuando se le canta el himno nacional, argumentan.
Por ello recurren al texto de 1 Corintios 10:14, en el que el Apóstol Pablo exhortaba a los fieles de Corinto: “Por tanto, amados míos, huid de la idolatría”.
Los deberes patrios no son actos religiosos, por lo tanto, tampoco pueden ser prácticas idolátricas; son actos permitidos y ordenados por Dios, y forman parte de la doctrina cristiana que ordena respetar a las autoridades y a las instituciones: “Honrad a todos, amad a los hermanos, temed a Dios, honrad al rey” (1 Pedro 2:17).
Si fuera idolatría, y no mero civismo, Cristo no habría ordenado dar a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios (Mateo 22.21).
La diferencia entre adoración y honra es por demás clara, tanto en los diccionarios como en los demás aspectos de la vida. A los padres se les honra por obediencia al siguiente mandato bíblico: Honra a tu padre y a tu madre. Sin embargo, esto no significa que se adore a los primogenitores, pues al único que le pertenece la adoración es a Dios.
La idolatría es el culto que se rinde a los ídolos. Si la bandera fuera uno de ellos estaríamos hablando de una práctica idolátrica, digna de toda reprobación y contraria a la voluntad de Dios, a quien pertenece la adoración por esencia, y a su Hijo Jesucristo por obediencia.
Una de las naciones centroamericanas con mayor flujo migratorio es Honduras, un país cuya economía se ha visto transformada fuertemente en las últimas décadas, y donde la violencia se ha ensañado impunemente con sus habitantes, hombres y mujeres de todas las edades, que tienen que abandonar sus hogares para ir en busca de sueños y mejores condiciones de vida, mientras dejan atrás una historia de desempleo, pobreza, limitaciones y temores. En la siguiente pieza sonora se da cuenta de la situación que viven en su país decenas de miles de hondureños, y cómo miles de ellos decidieron dirigirse hacia Estados Unidos cruzando territorio mexicano, sin saber que su desplazamiento vendría acompañado de sufrimientos ocasionados por el hambre, la violencia, la discriminación y la extorsión.
Reseña del recorrido de la caravana migrante desde su salida de San Pedro Sula, Honduras, hasta su llegada a la ciudad de Tijuana, BC.
Según un estudio de World Vision, la falta de oportunidades, la pobreza, la violencia y la poca credibilidad en el sistema de justicia, son algunos de los factores que empujan a los menores a infringir la ley en Honduras.
Ante esta situación, miles de hondureños huyen de la violencia perpetrada por las pandillas, así como de la pobreza ocasionada por la falta de empleo bien remunerado, como señalan catedráticos de ese país que hacen una reseña de la violencia pendilleril en ese país centroamericano
Buscan fuera de su país mejores condiciones de vida y oportunidades de bienestar para sus hijos, a pesar de saber lo difícil que es emigrar, dejar parientes y amigos, y arriesgar su vida en un país extraño.
Entre tensión y disturbios, la
caravana de migrantes que salió de San Pedro Sula el 13 de octubre de 2018
ingresó a territorio mexicano saltando la valla en la frontera entre México y
Guatemala.
Momentos en que la caravana migrante ingresa a territorio mexicano (La Vanguardia)
Las imágenes le dieron la vuelta
al mundo, que fue testigo de la forma en que miles de centroamericanos
intentaron superar el cerco de los elementos antimotines de la policía federal,
que utilizó gases lacrimógenos en el afán de contener la irrupción de la caravana
a México.
Como resultado del
enfrentamiento en cuestión, por lo menos tres policías resultaron lesionados y
varios hondureños golpeados. Aun así, advertían: «seguiremos, pase lo que
pase».
El viernes 19 de octubre, al grito de “sí se pudo”, miles de migrantes sin papeles cruzaron el río Suchiate, superando el cerco de las autoridades federales de México.
Luego de varias semanas de recorrido por territorio mexicano, y de declaraciones a favor y en contra de del paso de los hondureños por México, la caravana migrante llega a Tijuana, donde anuncia que solicitarán asilo al gobierno estadounidense, ya que «en México no nos quieren, nos lanzaron piedras», denunciaron algunos migrantes.
Gritos xenófobos y golpes a los migrantes anoche durante una protesta contra la #CaravanaMigrante en #PlayasDeTijuana. Lamentable y doloroso. Por suerte algunos vecinos salieron a apoyar a los hondureños y me devolvieron la fe en la humanidad. Casi la pierdo. pic.twitter.com/xetl5EeAQo
El entonces canciller mexicano, Luis Videgaray, declara en la Ciudad de México: “Tijuana no tiene la capacidad suficiente para un grupo de este tamaño. Existen varios albergues, pero no tiene esta capacidad debido a que es una situación inédita, un fenómeno que no se había observado».
A pesar de no contar con
suficientes albergues, el municipio de Tijuana asigna a los hondureños un
albergue instalado en la unidad deportiva Benito Juárez de esa ciudad, en el
que, de acuerdo con estimaciones de las autoridades municipales, había 6.062
personas:
516 niñas
542 niños
1.127 mujeres
3.877 hombres.
Permanecieron en ese lugar hasta
que decidieron cruzar a Estados Unidos, donde fueron recibidos con gases
lacrimógenos y balas, frustrando su intento de ingresar al país norteamericano
como ingresaron a México.
Debido a la difícil situación
que prevalecía en Tijuana, el alcalde Juan Manuel Gastélum declara crisis
humanitaria y pide apoyo a la ONU, al tiempo de hacer un enérgico reclamo al
gobierno federal por haber dejado sola a la ciudad en el tema de los migrantes
que vivían hacinados en la unidad deportiva Benito Juárez.
Amnistía Internacionalinterviene y denuncia las condiciones insalubres en que se encuentran los migrantes, con escasez de alimentos y agua, y sin servicios de salud, lo que propicia que se propaguen enfermedades respiratorias. El organismo solicita, asimismo, “apoyo humanitario para todas las personas que solicitan asilo y están en movimiento”.
Se producen luego las
declaraciones del alcalde de Tijuana acerca de los hondureños, afirmando que
“algunos de ellos son una bola de vagos, fuman marihuana en la calle, agreden a
las familias de Playas de Tijuana. Estas personas llegan en un plan agresivo y grosero”,
afirma el funcionario.
La Comisión Estatal de los Derechos Humanos de Baja California (CEDHBC) emite la recomendación 17/2018, en la que solicita una disculpa pública al alcalde por los comentarios que considera xenofóbicos en contra de las personas en contexto de migración.
En esos días, el ayuntamiento de
Tijuana abre oficialmente el albergue “El Barretal”, habilitado en la colonia
Matamoros de esta ciudad.
Las autoridades de Baja California habilitan como albergues para los centroamericanos a El Barretal, un espacio que ha sido utilizado como centro de espectáculos (El Informador).
A ese lugar, en el que se
instalaron servicios de cocina, sanitarios y regaderas, comenzó el traslado de
hondureños, quienes esperarían ahí su turno para buscar asilo en los Estados
Unidos.
Días después, la Secretaría de
Gobernación tomó el control del albergue y se encargó de los servicios que se
prestan en el lugar: comida, salud, control de accesos y seguridad.
El pasado 29 de enero, el
Instituto Nacional de Migración cerró el mencionado albergue, pues la función
temporal del mismo vencía a finales del mes pasado, tal como informó semanas
antes Leonardo Neri, coordinador del refugio.
¿Pero qué pasó con los migrantes
que se encontraban en El Barretal?
¿A dónde fueron y en qué
condiciones se encuentran actualmente?
¿Cómo y dónde viven tras el
cierre del albergue?
Si los demás albergues están
saturados, como afirman las autoridades, ¿a qué lugar se dirigió el grupo que
era parte de la primera caravana migrante?
¿Qué será de los migrantes
centroamericanos que Estados Unidos está regresando a Tijuana, para que en esa
ciudad esperen el procesamiento de sus solicitudes de asilo?
Las respuestas a las anteriores
preguntas son importantes, pues México necesita conocer la suerte de éstos
migrantes, así como de los que están por llegar a Tijuana.
Se trata de una cuestión no sólo
informativa, sino también humanitaria, de respeto a los derechos humanos, un
tema en el que debe involucrarse la sociedad en su conjunto, y, desde luego, las
autoridades de todos los niveles de gobierno.
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